Para acabar con Pasteur. Un siglo de mistificación científica

Para acabar con Pasteur. Un siglo de mistificación científica

Para acabar con Pasteur. Un siglo de mistificación científica

Conferencia transcrita sobre la 4ª Ley Biológica de la Naturaleza

Transcrita y distribuida por Loulou Bédard y François Leduc con la autorización de Eric Ancelet

Parte I

Decir que Pasteur se equivocó y que todos los dogmas que erigió son falsos, obviamente, necesita justificación.

Existe, por cierto, para numerosos terapeutas, así como para numerosos pacientes, la evidencia de que la medicina nacida de las ideas de Pasteur, del siglo de Pasteur, es una medicina metida en un callejón sin salida; una medicina que no llega, en absoluto, a la curación global de los seres humanos, es decir, a un bienestar que sea a la vez psíquico, emocional, físico y que permita a los seres humanos seguir evolucionando.

Más allá de este aspecto empírico, es decir, de la toma de conciencia de esta evidencia, esta medicina no cura, no curaba y nunca podrá curar la evidencia ─como mucho, suprime síntomas. Es paliativa pero no sabe generar una auténtica curación, aunque sí producir sumas colosales para los laboratorios. Por encima de esta constatación de base, finalmente, poner en tela de juicio los dogmas pasteurianos es aceptar cambiar totalmente su visión del mundo. Este cambio radical de visión del mundo podemos exponerlo en varios puntos.

Por una parte, preguntarse: ¿por qué Pasteur?, ¿por qué en el siglo XIX pusieron a Pasteur por las nubes y lo consideraron como un salvador?, ¿por qué otros grandes sabios, como Antoine Béchamp, han sido totalmente ignorados?, ¿por qué este siglo XIX, profundamente traumatizado y emocionado, necesitó que un químico como Louis Pasteur se volviera un héroe nacional, un héroe en el sentido mítico, hasta el punto de que, incluso hoy, queda todavía una extraordinaria influencia proyectada? Psicológicamente hablando, es la imagen misma del sabio altruista y desinteresado, vencedor de la enfermedad y, por supuesto, de la muerte, sobre el cual cada uno puede proyectar desde entonces todos sus miedos y todas sus esperanzas.

Paralelamente a esta presentación de Pasteur como hombre, en este siglo XIX −rico en trastornos políticos, económicos y sociales−, habría que presentar, por supuesto, al microbio −y muy particularmente al virus− de manera diferente, con otro enfoque; no más como este ser microscópico extremadamente peligroso cuya única meta sería destruirnos. Presentarlo de manera un poco más neutra si es posible. Neutralidad en la relación, incluso ir hasta sugerir la simbiosis, es decir, exponer la teoría del virus útil.

Frente a estos microbios, a estos virus, se encuentra el sistema inmune. Este sistema siempre se nos ha presentado como un sistema de defensa que debe reaccionar de manera muy agresiva cuando un antígeno extraño para el organismo −como, por ejemplo, un microbio−, se presenta, y cuya sola respuesta posible sería el rechazo sistemático, la destrucción de lo que le es desconocido.

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